Presentación

 

 
 
 
En el atardecer del 27 de octubre de 1943, Madrid brillaba con los destellos de un sol tibio y de luz dorada cuando Manolete y su apoderado José Flores Camará entraron al Bar Chicote. El plan era beber una copa entre amigos. Iban a reunirse con la cantante y bailaora Pastora Imperio y el matador Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana. Después de un rato, por la puerta aparecieron los esperados, con ellos venía una mujer espléndida, de ojos negros, muy vivos y pestañas vueltas como para dejarse pegar una cornada y quedar colgado de ellas toda la tarde. De inmediato, Manuel Rodríguez preguntó quién era. Lupe Sino, una actriz de segunda, fue la respuesta del apoderado. Para mí, de primera, aseveró el diestro cordobés. Desde que los presentaron, Lupe Sino y Manolete quedaron prendados y la conversación fue entre ellos, como si no existiera nadie más en el mundo.
 
Hace ya mucho tiempo, al anochecer entré a un café con la biografía bajo el brazo Manolete cincuenta años de alternativa, de Francisco Narbona. Acababa de comprar el libro y venía yo con la urgencia de empezar a leerlo. Al estarlo hojeando, me encontré con Lupe Sino. En la foto, a hombros del matador sonríe resplandeciente, bellísima, inmensa. Me miró en blanco y negro con sus ojos penetrantes, tibios y su expresión mágica, dulce y suave. La estocada fue de las que parten la yema y rodé sin puntilla. Por ello, cuando me invitaron a participar en un programa de radio y tuve que bautizar un par de colaboraciones, a la de tema taurino decidí titularla con el nombre de una canción de Joaquín Sabina, incluida en el disco Diecinueve días y quinientas noches, que habla de esta mujer de sonrisa hechicera. La letra es un relato de la tarde memorable que, por muchos aspectos, marcó singularmente la historia del toreo y no con una hazaña en el ruedo de Las Ventas del Espíritu Santo, ni en el de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, sino en la mesa de un bar madrileño cuando una actriz y un torero se conocieron, y a golpe de miradas y palabras sacudieron el universo. En ese entonces, no comprendía yo por qué el cantautor nombró a la canción De purísima y oro, si la tarde irremediable de los miuras en Linares, Manolete vestía de rosa e hilo dorado. Tiempo después, la duda quedó aclarada leyendo en la Internet una entrevista que Sabina le hace a José Tomás. En ella, el cantautor ubetense aclara dirigiéndose al torero de Galapagar: “De purísima y oro es una canción que hice pensando en ti, para Manolete. Una historia preciosa. El 28 de agosto, el mismo día que mató un toro a Manolete en Linares, tenías que torear, y te pusiste de purísima y oro, como la canción… Tienes en un altar a Manolete…”. El diestro respondió con la misma sinceridad que rebosa su forma de oficiar en el ruedo: “De purísima y oro… Yo creo que uno debería vestirse, no ya en el toreo, sino en la vida, de purísima y oro”.
 
Eso en cuanto al nombre. Lo de la magia que es la afición a los toros me fue regalada en la niñez. Todavía recuerdo aquella mañana fría en que, de la mano de mi padre, observé por primera ocasión un hato de toros bravos. Entre la neblina y bajo la llovizna, el velo húmedo descorrió el telón y ante nosotros, a muy poca distancia y separados por la cerca de alambre de púas, imponente apareció un toro negro. Alentaba vapor por la nariz. Apreté los dedos y la voz paterna, baja, serena y cariñosa me pidió que no me moviera. Unos instantes después, desdeñoso y altivo, campaneando la cornamenta, el toro echó a andar hacia el lugar donde se encontraban sus hermanos. Todos juntos emprendieron el galope jugueteando en amagos de peleas y huidas. Quedé subyugado ante le escena.
 
Las razones de esta página son simples, me gusta escribir y contar historias. Cosas que voy viviendo. Toda mi existencia he asistido a la plaza, desde el humilde inmueble taurino construido con talanqueras sobre terrenos recién deshierbados, hasta la monumental Plaza México abarrotada un cinco de febrero, conmovedora si ha habido faena y el tendido se cubre de palomas blancas en el ondear de la petición de oreja, u ordinaria en el estallido de la bronca.  Con ello quiero decir que uní mis dos amores: la literatura y la tauromaquia. Estos son los resultados del intento.
 
La sección “Artículos” es una recopilación de colaboraciones; primero en Intolerancia y al día de hoy, en El Sol de Puebla, uno y otro diarios de esta ciudad en México. Así como, en diversas páginas electrónicas. En estos artículos siempre hay una manifiesta búsqueda de la creatividad literaria, más que un ejercicio de la crítica taurina como tal.
 
“Ensayo y narrativa taurina” es una compilación de textos que fueron publicados en diversas revistas, algunas de ensayo, relato y poética, como es el caso de La literatura y los toros, que apareció en Instantes, portavoz del grupo de escritores del mismo nombre amparados por la Universidad de las Américas. Los otros escritos están contenidos en publicaciones especializadas en tauromaquia.
 
Por otra parte, “Obra diversa” se divide en dos. La primera contiene narrativa y otras creaciones. Cuentos impresos en diferentes divulgaciones. Por ejemplo, Motor al amanecer, apareció en la revista Los golfos del centro que editó la Universidad Iberoamericana. La segunda pestaña contiene una selección de colaboraciones al semanario Momento, distribuido en mi ciudad natal. Artículos irreverentes y ácidos que, en su oportunidad, tocaron temas de interés general.
“Galería de arte” es una sala que expone la obra de creadores invitados y que generosamente muestran su obra en esta página. Ahora, contamos con dos espacios, la de los artistas de la lente Sandra Varela y Ángel Sainos. Además, me permití incluir una carpeta con fotografías de mi propiedad.
 
Para recopilar este segundo bloque de artículos publicados en diferentes medios, los tiempos que corren, absurdos, cambiantes, vertiginosos y de memoria digital, me han orillado a elegir una página electrónica en vez de un libro de papel a la manera acostumbrada. La primera compilación está impresa en un volumen con el mismo nombre que este sitio y que patrocinó la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Es mejor en electrónico, me animan jóvenes entusiastas, vas a llegar a más lectores y además, de todo el mundo. Tienen razón. Por otra parte, venero a la literatura. La quiero entrañablemente no sólo en su sentido conceptual, sino por ser el arte evidente de devolvernos lo que ya se ha ido. Gracias a ella nos reconocemos en otros. Entiendo que cada vez que alguien recorra con los ojos esta página electrónica y se adentre en sus diferentes rincones, hará que mis palabras despierten del sueño y cobren vida vigorosa. Aunque en realidad, lo que esté haciendo, sea alentar fantasmas y desempolvar memorias. Espero que la disfruten.
 
 
José Antonio Luna.
Santa Isabel Cholula, Puebla. 18 de junio del año 2011.
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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