En el año de 1959,  la Ciudad Capital ya no es la misma, se agita al ritmo de Fox Trot  o de Rock and Roll y los centros de reunión se han diversificado, los dos amigos coleccionistas se reúnen como todos los lunes por la noche en el viejo café de los taurinos al que ya no acuden las figuras del toreo, si acaso algunos torerillos y esporádicamente unos cuantos personajes de la bohemia o del arte. Alberto “El Chaparro” y Efraín, conversan una vez más de Arte Bravo y de los sucesos que están en boca de todos. Un voceador pasa frente a la puerta gritando con un acento y una tonada que recuerda a los desaparecidos vendedores de chichicuhilotes ; ¡ Extra la Extra…Ovaciones y  L’Extra!.

- Oye Efraín, vamos a una exposición en  las Galerías Romano, quiero ver unas esculturas taurinas que me recomendaron mucho.

- Y a qué hora hay que ir o qué.

- En la mañana está bien, porque nos da tiempo de ir a los toros.

La baraja taurina nacional la componen entre otros: Fermín Rivera, “El Calesero”,  Luis Procuna,  Manuel Capetillo, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba y Joselito Huerta que logran sus éxitos con astados de Jesús Cabrera, Xajay, Zacatepec, Tequisquiapan y Coaxamalucan entre otras dehesas.

Las memorables faenas de estos actores de la fiesta, siguen siendo interpretados en el Arte Bravo, por Navarrete y Flores, pero en las galerías Romano, un joven escultor yucateco, asombra a todo el medio taurino, con precoz maestría, denota ya desde sus inicios un estilo propio y definido, empleando el impresionismo y la técnica prehispánica del pastillaje, surge la solitaria figura del escultor Humberto Peraza, con realismo, naturalidad, movimiento, profundo conocimiento del toreo y de estética depurada quien antes colaboró junto a Antonio Ximénez en la elaboración del colosal grupo escultórico de la Plaza México, con la autoría y dirección del español Alfredo Just, que no siendo taurino, se ayudó con  estos dos talentos mexicanos para realizar y casi concluir su obra. Peraza no tiene rival, la indiscutible calidad  de su  obra y su sello característico, lo colocan rápidamente y por siempre, entre las figuras del Arte Bravo internacional.

En esta misma época y prevaleciendo Peraza como máximo exponente de la escultura taurina contemporánea en el mundo, aparece Raymundo Cobo, con un dibujo cándido y lírico, quien también incursiona en la escultura .

Aparece también en esta época la obra escultórica de Luis Albarrán Pliego.

En la década de los sesentas, mientras en la radio y la T.V. las noticias giran por el mundo al son que “Los Beatles” tocan, se escandalizan con el movimiento Estudiantil Internacional, al grito de  “La Imaginación Al Poder”, de Erick El Rojo, la fastuosa celebración de los Juegos Olímpicos en México y su tristemente inolvidable masacre del 2 de octubre.  Alberto y Efraín se compran dos esculturas del joven maestro yucateco, ya tienen una cantidad considerable de Arte Bravo mexicano, pero como es común en este tipo de aficiones, el entusiasmo por atesorar lo que de arte produce la generosa Fiesta Brava no tiene límite, al “Chaparro” se le ocurre visitar el Jardín del Arte que esta entre las calles de Sullivan y Villalongín, de nuevo se sorprende con varios hallazgos y decide compartirlos. Alberto le llama  por teléfono a su amigo:

- Hola, que estás haciendo.

- ¡ Cá, que pregunta!, pues durmiendo mano, que horas son estas de llamar en domingo, ¿ que no sabes que estoy enfermo?.

- Si ya se, pero lo que te voy a enseñar, te va a levantar el ánimo, ya lo verás.

Y lo convenció, cruzaron por los pasillos de tierra flanqueados por decenas de cuadros en caballetes, hay mucho sol, carritos de chicharrones, raspados multicolores, gigantescos racimos de globos pintados a mano, pájaros en los árboles y el rumor de la ciudad que aún permite escuchar “Viva mi desgracia”, tocada por el cilindrero. Llegaron hasta donde están los cuadros de David Cárdenas, pintados con un colorido intenso y popular,  dominando la difícil técnica de la espátula.

A su derecha, la obra del vigoroso Reynaldo Torres, que en sus cuadros y dibujos demuestra que tiene escuela y que tanto en las

pinturas al óleo como en los pasteles, dibujos y acuarelas logra retratar las escenas taurinas con frescura y singular estilo. La obra de estos dos pintores comienza a aparecer con frecuencia en los impresos de las editoriales y en particular la de Reynaldo, cobra mayor dimensión ya que su ímpetu y su depurada técnica pictórica lo llevan a competir con los grandes contemporáneos: Flores y Navarrete, formando una trilogía que revitaliza el Arte Bravo de su época.

Alberto y Efraín conversan con Reynaldo, de pronto les llama la atención un regaño clásico de profesor:

- ¡ Ahí va el torero otra vez,  no,  ya te dije que no pintes de toros, que de esto no se come, dibuja la gente que pasa pero no les pongas montera niño!

Se trata de Rodolfo Francisco, le está enseñando ha hacer apuntes a un mocoso que cojea al caminar y al que se le sale la afición por los ojos y hasta por los dedos, todo lo que dibuja lo quiere convertir en asunto taurino y que busque otros temas le exige sin fortuna el maestro. Rodolfo tiene una ágil y personalísima pluma, con la que interpreta el Arte Bravo en tintas y acuarelas de pequeño formato. Los coleccionistas se acercan al maestro y su discípulo, ven con simpatía los pininos del alumno  que firma RASZI y hasta le compran un apunte, precisamente el que generó la discusión.

Efraín y Alberto se ponen de acuerdo con Reynaldo, Cárdenas y Rodolfo Francisco para comprarles obra y enfilan sus pasos hasta el otro lado del parque, donde descubren un espacio escultórico y a un artista que fue torero, un personaje verdaderamente interesante, no sólo por su obra, que les atrae por su interpretación tan libre y original del Arte Bravo, su carismática  forma de ser les atrae también. Se trata del Heriberto Juárez, quien es un escultor con concepto innovador y moderno, que se arteve a romper los atavismos de la Fiesta Brava. Además es de los pocos representantes del Arte Bravo que han conseguido la internacionalización , tiene el mérito de posicionarse firmemente en el mundo de las artes plásticas, aún con el tema taurino. Es también un pintor prolífico que se desempeña con la misma libertad y acierto que en la escultura e incluso realiza obra en la que integra con éxito las dos disciplinas. Su obra le añade importancia a la cultura taurina, con sus simbiosis de toros con caballos, mujeres y palomas. La visita al Jardín Del Arte, cumplió bien su cometido.

La primavera quedó muy atrás, del verano solo quedan recuerdos, el otoño deshojó por completo a los dos amigos y desafortunadamente Efarín en el invierno ha muerto. Pero Alberto tiene un espíritu muy grande y fortalecido por la experiencia  de su larga carrera por el tiempo y aunque se queda sólo en la búsqueda constante de nuevos talentos, sigue  asistiendo a los toros y coleccionando Arte Bravo.

Ya estamos en los setentas, México fue cede de la Copa Del Mundo, el Futbol,  aquí cerró brillantemente  una etapa de su historia. Las crisis económicas  y  las aberraciones del gobierno mexicano, comienzan a hacer estragos en la sociedad y en la Fiesta Brava la cual es saboteada desde su raíz,  que es el campo bravo. San Miguel  De Mimiahuapam es la ganadería más importante de México y de América, contra todos los obstáculos deliberados e incidentales, se presenta en Madrid orgullosamente y triunfando. Es junto a la de Javier Garfias y Torresilla una de las preferidas de las actuales figuras del toreo, Manolo Martínez, Curro Rivera, Eloy Cavazos y Mariano Ramos.

“El Chaparro”, revisa metódicamente sus nuevas adquisiciones, se trata de la obra de varios pintores de esta época, entre los que se encuentran: El colombiano Cristóbal Alvarez, que pinta con dramatismo en el tema y en el tratamiento del color pero con poca escuela.

Rodolfo Gonzara con más fortuna en sus apuntes que en su pintura y quien realizó una serie postal taurina conmemorativa.

El norteamericano John Fulton, con inquietudes y soluciones novedosas, de buena técnica y escuela, del que Alberto colecciona varios apuntes realizados con sangre de toro, en los que hace alarde de síntesis con magníficos resultados.

El francés Jean Ducasse, mejor dibujante que colorista, sabe captar con sello propio y fuerte personalidad, la mecánica del toreo, así como su movimiento y con la particularidad de que no dibuja el rostro de los toreros y aún así se reconocen perfectamente ( qué mejor ) por su forma de torear. 

Y Alfredo Alonso, un pintor que fue novillero y a raíz de una cornada le amputaron un pié, destacó muy pronto, pero inexplicablemente ha cogido el sendero de la legua para promover su arte y va de feria en feria y de plaza en plaza exhibiendo sus  pinturas y dibujos que denotan estilo propio y una propuesta novedosa. También se desenvuelve  en el mundo de la miniatura.

En 1984 desaparece la persona de Pancho Flores, pero su Arte Bravo queda inscrito para siempre en la historia de la pintura mexicana, antes de morir declara en una extensa entrevista realizada por Leonardo Páez lo siguiente: “ La gente del toro es malilla , tanto para apreciar el arte taurino, como para pagarlo”.

Alberto con pasitos cortos y apresurados, su alegría de vivir y su juventud acumulada, va silbando una tonada de Timbiriche , mientras se aproxima a la Plaza México con la intención de canjear su pase para la temporada grande que se avecina y en la que para Alberto, el atractivo se basa en las figuras de David Silveti, Jorge Gutiérrez y los toros de San Martín. Al llegar hasta una de las puertas, le llama la atención la velocidad y la precisión con la que un pintor, subido en los andamios pinta una serie de murales en el interior del gran coso resumiendo admirablemente la historia de la tauromaquia nacional en una titánica labor de investigación y esfuerzo profesional. Se acerca a él y tiene una amena conversación. Se trata de Ramón Reveles, especialista en retratos y pintor taurino de mucho oficio, continuador de la pintura de Pancho Flores y con una extensísima obra que se puede constatar en la mayoría de los carteles de la actualidad. Su obra, al igual que la de sus colegas del mismo corte, está basada fundamentalmente en la fotografía, tal es el caso de otro magnífico colorista: Jorge Rendón Tapia.

También Samuel Jiménez Robledo, Saúl Ortega y  Alfredo Flórez, son parte ya de la colección de Alberto con la que se regodea repasando sus cuadros en su meticuloso afán de orden,  tan característico en él. Hacia el final de la década de los ochentas, otros pintores que no son específicamente taurinos, comienzan a trabajar en el Arte Bravo, tal es el caso de Moisés Zabludovsky, que con soluciones geometrizadas, consigue entrar en el recuento de la pintura taurina moderna.

En esta época Jorge De La Peña, realiza su trabajo escultórico con personalidad definida y estática propia, emotividad y gran movimiento a todas sus obras, por lo que se le encomendaron dos espectaculares esculturas monumentales que resolvió con suficiencia sobrada y acierto: el imponente encierro en Aguascalientes y la estampida, igualmente resuelto en Guadalajara. 

También aparecen en esta disciplina Emilio Fuentes, con formas más clásicas pero menos originales y José Luis Padilla “El Seminarista”, que también realiza con éxito obras monumentales.

Alberto está de pié ante una obra de Arte Bravo, aunque está desconcertado por lo que la imagen  taurina representa, comienza a comprender que se trata de una artista plástico moderno, que  se ha colocado en la frontera entre la fotografía y la pintura. Se  trata de Armando Rosales “El Saltillense”, quien también fue torero y en un percance perdió un ojo pero ahora lo sustituye su sorprendente visión  interna de los toros. Alberto terminó por llevarse la  singular pieza.

Con todo y la cantidad de artistas taurinos que surgieron entre 1970 y 1989, durante y después de las crisis recurrentes provocadas por los errores consecutivos del gobierno mexicano, la calidad de las obras en comparación con las de otras épocas no es la misma.

Viene la última década del presente siglo, el Arte Bravo de México se encuentra estancado conceptualmente, en parte por las presiones del aparato gubernamental que manipuló en su contra  las expectativas de crecimiento y en parte por una cómoda posición tradicionalista  tanto de los que manejan el mercado  del Arte Bravo, como de algunos autores que carecieron de visión y les sobró conformismo. Valiéndose de estas circunstancias, y para cotizar a los pintores de una galería poderosa, monopólica  y particular, en 1994 se promueve un concurso de pintura taurina a nivel internacional, que resulta un ser un beneficioso escándalo para la cultura taurina y para las Artes Plásticas de nuestro país. Este concurso se llama “Pinturerías” con el rimbombante subtítulo de: “El arte del arte  taurino”. El derroche de recursos en los medios de comunicación electrónica e impresa, es al estilo de la casa que lo patrocina. El poder de convocatoria es altísimo en calidad y cantidad, se reúnen más de tres mil pintores para los que hay un prolongado proceso de deliberación por parte de tres distintos jurados y al final se exhibe la obra de los pintores seleccionados nada menos que en el Palacio de Bellas Artes, en este 1994. Se divide la muestra en dos grandes secciones, las obras de concurso y las de los pintores invitados. Entre éstos últimos, se puede apreciar la obra de grandes maestros de la vieja guardia y de la vanguardia, nacional e internacional, de los autores que más se polemiza se cuentan: el maestro Gilberto Aceves Navarro, José Luis Cuevas, Raúl Anguiano, Carmen Parra y Alberto Girolella, por mencionar a los que se sabe que les gusta de corazón el tema taurino aunque no se dediquen a él, aunque entre los artistas invitados se encuentran otros pintores de reconocido prestigio, que sólo por excepción tocan el tema. Dentro de esta gama  hay tres  pintores ya reconocidos en el Arte Bravo, el maestro Antonio Navarrete , Reynaldo Torres y Moisés Zabludovsky. Dentro del concurso aparecen los trabajos de pintores taurinos de prestigio, como David Cárdenas y el norteamericano John Fulton, pero  son premiadas las obras de: Gildardo Gil, Maricruz Huerta, Jerónimo Vázquez, Roberto de la Torre, el español Eloy Morales, Eloy Tarcisio y Emiliano Gironella.

Uno de los objetivos del concurso es el de ilustrar los carteles de la temporada grande del ciclo 94-95, lo que a la mayoría del público taurino, que como dijo el maestro Flores: “son malillos para entender el arte”, les ha disgustado a algunos al grado de llamarle al concurso de una forma peyorativa; “Pinchurrerías”, sin razón desde luego, pues lo que este certamen ha generado en el aficionado común, es la certeza de que no hay (afortunadamente) sólo una forma de hacer Arte Bravo.

Alberto “El Chaparro”, desde luego se encuentra entre la muchedumbre que visita la exposición, que más adelante se hará por varias ciudades de la República y en otros países. Claro está que lo mueve su tradicional afición por el Arte Bravo, pero ésta vez no hay posibilidades de adquirir la obra.

De “Pinturerías” surge un pintor taurino que, como muchos de los que aparecen en el relato, lleva toda su vida pintando Arte Bravo y que se da a conocer poco a poco en diversas exposiciones hasta que llega el año de 1996, en el que realiza una exposición homenaje al gran Silverio Pérez, inaugurando con su nombre el auditorio  de  la Asociación Nacional De Matadores de Toros y Novillos, Rejoneadores y Similares (Sic.) y en esta muestra pictórica, como en otras varias ocasiones, pinta ahí mismo, ante los ojos de los asistentes un cuadro de gran formato. Entra  de lleno en las colecciones de Arte Bravo y a partir de esta fecha aparece en casi todas las publicaciones de libros de la época , así como en programas de televisión , periódicos , revistas , carteles y publicidad exterior. Su estilo es definido  aunque tiende a diversificar su obra, en aras del movimiento  y la búsqueda de la modernidad sin perder la esencia y la tradición taurina. El manejo de los espacios vacíos como luz, es una de sus características, así como la sensación de fugacidad .Parte de  su técnica consiste en capturar el momento efímero, dibujando en las plazas de toros. Es enemigo de copiar de fotografías y  su obra la realiza en óleos, acuarelas, tintas, lápices y grabados. En éste ultimo año del siglo, exhibe por segunda vez en Madrid y por primera vez en Sevilla y en Nimes, Francia. El que esto escribe, Rafael Sánchez de Icaza, es tal vez el pintor más influenciado por los artistas de este siglo, pues en el conjunto de su obra trata de expresar el sentido popular de Posada, la búsqueda del movimiento de Ruano Llopis, el  respeto por las formas taurinas de Flores y la síntesis de Picasso, más todas las demás influencias que se le puedan encontrar. Y como dijo el poeta. “El que esté libre de influencias, que aviente la primera metáfora”.

A las afueras de la Plaza México, todavía se oye al cilindrero, llevando a cuestas su tradición, con su caja de trinos simulados y dándole vuelta a la manivela. Alberto “El Chaparro”, ya es un hombre muy grande de espíritu y de edad, ya no puede salir fácilmente a la calle, por eso, aquel mocoso que cojeaba de la pierna izquierda , al que Rodolfo Francisco aleccionaba y que ahora es quien les narra, va a visitarlo,  para repasar sus influencias asomándose a   la  obra  que el longevo don Alberto atesora y  de paso, mirar una vez más aquel dibujo que el generoso hombre por vez primera le comprara.

 

Rafael Sánchez de Icaza.

   
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Arte Bravo Mexicano (Segunda parte)


   
Arte bravo mexicano (Primera parte).


 

 

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